REFLEJOS
 
Las  tardes de otoño suelen ser especiales para estas cosas. Los últimos calores de la estación, resistentes a despedirse envolvían el paisaje y los rayos del sol cada vez mas tenues le daban al bosquecillo un encanto especial.
El otoño cada vez más cerca ya empezaba a dejarse entrever a través de sus amarillentas ventanas. Últimamente se me había hecho costumbre tomar mi cuaderno de notas, el reproductor de mp3,algunas barritas de cereal como para acallar el dragón que habitaba mi estomago y subir a mi ciclomotor, fiel corcel y compañero de aventuras y dirigirme hacia algún paraje alejado del urbano ruido, de las calles cotidianas, de los recuerdos que asediaban…
Solía pasar horas, tardes enteras rumiando ideas, canciones o simplemente cartas de amor que jamás serian leídas, solo para desagotar mi angustiado corazón, para dar rienda suelta a mis penas sin incomodar a nadie.
Sin embargo aquella tarde era diferente, ya se podía adivinar en el aire que algo distinto iba a ocurrir…No había que ser gran adivino para darse cuenta que los nubarrones negros, a lo lejos se iban acumulando, pero como hacia varios días que la tormenta venia amenazando y después huía burlona riéndose a carcajadas hice caso omiso a las señales de la naturaleza(como era costumbre en mi) y me marche…por supuesto en mi negro corcel.
La quietud de los árboles, el murmullo de las pájaros , el silencio suave y envolvente, las palabras que fluían, brotaban a borbotones e iban plasmándose en mi cuaderno hicieron que perdiera la noción del tiempo y el reloj corriera mas rápido que de costumbre.
Me trajo al mundo real el estruendo seco de un rayo que cayo no demasiado lejos. De repente el cielo se había cubierto de un azul pizarra, intenso, bello y amenazador al mismo tiempo, líneas blancas lo cruzaban y lo dividían: “viento” hubiera sentenciado mi abuela de estar ahí a mi lado en ese momento. Presurosa junte mis cosas en la mochila y me dispuse para la rauda partida, temerosa que la tormenta del fin de verano me tomara de sorpresa en la ruta, pero toda rapidez fue en vano, sin que pudiera hacer ni decir nada se había largado a llover como si fuera la ultima vez.
Mojada, agitada, confundida me dispuse a marchar por un caminito angosto sin saber adonde dirigirme. De repente lo que parecía ser una casilla abandonada surgió ante mi y sin darle demasiado espacio a la lógica que en otro momento se hubiera espantado y asqueado de entrar a un lugar así me aventure a tomar dominio de mi refugio.
La oscuridad no tardo en llegar y el ruido de los truenos y el agua golpeando las oxidadas y agujereadas chapas ensordecían y disputaban su protagonismo con el viento que había comenzado a soplar cada vez mas fuerte. Evaluando la situación las posibilidades de llegar a casa sana y salva eran remotas así que con tranquila y temerosa resignación me dispuse a buscar a tientas un lugar donde pasar el rato hasta que se calmara aquel repentino chubasco.
No había demasiada luz en el  lugar así que con la ayuda de mis manos y de mis pies que cada tanto chocaban con algún polvoriento trasto fui haciendo un lugarcito y acuclillada espere y espere…y espere
Paulatinamente la lluvia paso de ser diluvio a ser un monótono ruido adormeciente y la luz ocasional de algún relámpago iluminaba difusamente la polvorienta estancia.
De pronto una de aquellas luces puse delante mío un monstruo horripilante, deformado con el rostro cubierto de lagrimas y moco…aullaba y gritaba parecía arrastrar un nombre en su lamento, sentí o mejor dicho deje de sentir el corazón en mi pecho, en ese momento se me detuvo la respiración, alcance a escuchar o quizás mi imaginación me dijo que aquella criatura lloraba una perdida…una irreparable perdida y que penaría así por los siglos de los siglos…
El corazón parecía estallar dentro de mi pecho pero pronto la extraña visión se diluyo … luego nada…el golpeteo del agua cayendo incesantemente sobre las chapas.
Quizás pasaron años, siglos o quizás algunos minutos…no lo se y cuando todo parecía volver a la tenebrosa normalidad un segundo relámpago dejo al desnudo una segunda criatura…esta vez el monstruo en cuestión gruñía parecía que sentía un terrible y penetrante dolor el alarido no era de este mundo lo podría jurar,(aún cuando nunca abandone este para estar en otros)
Esta vez bañada en transpiración, con la garganta reseca sin poder emitir sonido alguno fui mudo testigo de la horrenda aparición.
No podría decirles si esto duro toda la noche, si lo viví realmente o fue una pesadilla lucida, lo cierto es que uno tras otro fueron apareciendo los espectros, ante mi ora gruñendo, ora aullando o simplemente mostrando sus peores miserias.
No lo hubiera querido reconocer nunca…y menos públicamente pero lo cierto amigos es que tuve miedo…mucho miedo.
El miedo me invadía…se apoderaba de mi, no esperaba invitación, se instalaba, recorría mis entrañas, circulaba por mis venas, salía afuera convertido en sudor y luego regresaba adentro para luego volver a salir por mis ojos completando un ciclo interminable.
Lentamente las primeras luces del día fueron desentrañando tanta locura.
Por las rendijas se filtraban los atisbos de un día gris, ya no llovía pero se podía oler el agua caída en los árboles…en el campo.
Abrí lentamente los ojos renovando mi espanto y preparada para lo peor cuando de repente surgió una forma delante de mi develando el enigma de todo lo sucedido aquella noche. Entonces me di cuenta que finalmente era real, era de verdad, no se trato de un sueño todas las criaturas eran una sola, de esto me di cuenta cuando finalmente comprendí que lo que tenia delante de mis ojos era un espejo…un polvoriento y en partes enmohecido espejo.
 Autora: Alida Benitez, para más información de ésta multifacetica mujer, visita su blog donde encontrarás mucha creatividad.
 
http://elrinconmagicodeadita.blogspot.com/
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