IDEAS . Origen, efectos y recetas contra una emoción vergonzante

Envidia: ese sentimiento que envenena
Nadie la quiere admitir, pero aparece en todas los ámbitos y también se ve por televisión. Una revisión sobre un sentimiento que daña por partida doble y la opinión de dos especialistas en el asunto. De dónde viene la envidia, qué provoca en quién la siente y qué en el receptor. Recetas para combatirla.
Viernes 20 de Mayo de 2011 Hs.

Contrariamente a lo que establece el saber popular acerca de que amigos son los que están, empujan y ayudan en las malas, hay quién afirmó justamente lo opuesto: amigo no es el que palmea la espalda ante las calamidades, sino el que puede alegrarse sinceramente y celebrar con uno en las buenas.
La palabra que no se nombra y diferencia esas definiciones es una y suena mal: envidia. Emoción con alto nivel de impacto y rechazo, tanto es así que si se realizaría una compulsa masiva acerca de quién la ha experimentado y en qué forma, sería difícil encontrar quien la acepte y la exhiba. La envidia es agria y vergonzante.
Desde la muerte de Abel a la venganza del Conde de Montecristo, lo que pone a funcionar la maquinaria del odio, en muchas ocasiones, es la envidia. Y tal vez se presente chiquita e insignificante, pero siempre venenosa.
Hace algunos años en esta ciudad un hombre acuchilló a otro a causa de un partido de fútbol: el matador enfureció porque el otro nunca le pasaba la pelota y se quedaba con los goles y los laureles.
En el deporte la envidia funciona con la fluidez de la bilis que nos impregna la boca cuando el rival alcanza primero lo que quisimos conseguir. Qué sentimos sino cuando Brasil salió campeón del mundo en 2002 mientras la selección nacional descansaba hacía ya varias semanas en la Argentina.
En la televisión resplandece la envidia, en los culebrones viejos y en los nuevos, pero sobre todo en los programas de mayor rating. O no es un show de egos embarrados y envidias, las peleas que recorren la pantalla buena parte del día. Es que la envidia también vende, en especial porque es un sentimiento negado, pero sumamente atractivo y popular.

RANKING. "Naturalmente, la envidia, como todo sentimiento de sujeto civilizado, tiene sus matices perfectamente discernibles, de manera que la envidia de una verdulera es distinta a la de una actriz y la envidia de un carbonero desemejante a la de un poeta", diferencia Roberto Arlt en una aguafuerte dedicada al temita y titulada La amarga alegría del mentiroso.
"Pero en el arrabal –precisa el escritor- es donde más se evidencia ese rencor cuya ignorancia señala a las almas nobles".
Justamente Arlt comienza su historia refiriendo a un personaje de Fedor Dostoievsky, y con esa excusa define que el envidioso "es un hombre dispuesto a alegrarse al encontrar a alguien a quien compadecer". Es muy claro en el punto y dice que se puede elegir al envidioso "más recalcitrante, más cerrado y más hosco" y contarle la historia de una desgracia ajena y ese hombre, asegura, "estallará en exclamaciones de piedad". Ahora bien, subraya, "dadle la noticia de que un amigo ha tenido éxito, y este mismo individuo palidece, la sonrisa deja de ser espontánea para convertirse en una torcedura dolorosa y si puede, desacreditará los motivos del éxito, los empequeñecerá..."
Cualquier vecino puede detectar y condenar la envidia de otro, pero difícilmente exponga la rabia propia frente al logro ajeno. No hay buenas envidias, no hay sanas envidias, asegura la psicóloga Silvana Musso. La envidia tiene la cara del rencor y el deseo del fracaso.
Para Arlt, por ejemplo, en un raniking, "los pequeños propietarios" aparecen entre los primeros en la lista, porque viven "rabiando" y no se perdonan "unos a los otros, las reformas que introducen a sus covachas". Sin embargo, al tope entre los envidiosos, entiende Arlt y de esto hace por lo menos 50 años, están los comerciantes.
"Nada es más cruel y feroz que la envidia entre comerciantes de barrio", asegura. "Si estos entes, pálidos y prudentes, se pudieran exterminar sin peligro de ir a la cárcel, no demorarían ni un segundo en descalabrarse", arriesga.

EL ORIGEN. Silvana Musso es psicóloga y Zulma Moreyra tarotista, sacerdotiza o bruja, como elijan nombrarla. Las dos, de distintas maneras, creen en el poder energético de la envidia y en sus efectos. En diálogo con EL DIARIO, ambas especialistas desmenuzaron el tema en una conversación inquietante.
"Cuando perdemos nuestro rumbo, no sabemos qué queremos o qué venimos a hacer a este mundo, comenzamos a ver lo que tiene el otro, lo que genera el otro y nos despierta esa cosa de envidia", analiza Zulma Moreyra y Silvana asiente, pero además añade que la envidia tiene que ver "con las propias carencias, con aquellas cosas que siento que no puedo hacer y en vez de ver en profundidad sino puedo porqué no puedo, me quedo mirando". Además, dice la psicóloga, la envidia tiene una segunda cara y es que cuando envidio lo del otro de alguna forma quiero que al otro le vaya mal". En ese sentido, Musso está segura de que la envidia buena o sana sencillamente no existe.

RAMIFICACIONES. El envidioso, en general, coinciden primero, no reconoce sus carencias y se queda mirando a ese otro que avanza. Entonces, acto seguido, envidia e intenta empequeñecer el logro ajeno. Por dentro arde de bronca y en ese fueguito se dora el resentimiento.
"Todas las emociones se traducen a lo corporal y se me ocurre que pueden venir dolores de huesos, en las rodillas, en las piernas, puede aparecer hasta urticaria y picazón, un montón de cosas que aparecen por no poder mirarse", analiza Moreyra.
Para ambas mujeres, con alguna diferencia, la envidia no sólo daña a quien la siente sino también al envidiado.
"Creo que la envidia genera un campo energético que al otro lo afecta, pero lo afecta depende de cómo esté ubicado el otro también. Si estoy permeable a la envidia, quiere decir que de alguna forma también estoy pendiente de los otros: si me mira, no me miran, si me envidian", analiza Musso y completa: "Energías existen permanentemente y de todo tipo, pero me afectan aquellas por algún punto entran en mí y ahí tendría yo que mirar en qué estoy endeble".
La tarotista, en cambio, no ve responsabilidad alguna en el envidiado: "Yo creo que la energía se siente, aunque no la veamos, puede causar malestar, angustia, molestia, incomodidad y una sensación rara".

REMEDIOS. Mientras la psicóloga dice que lo primero para frenar los daños de la envidia es "ser conciente de cuáles son los puntos míos más vulnerables", la sacerdotiza opina que hay que echar mano a "limpiezas" periódicas.
"Recetas hay un montón", dice Zulma y enumera con ayuda de Musso: "La cinta roja es una, usar perfumes fuertes, limpiar los pisos con vinagre, poner una estrella de cinco puntas, llevar medallas o piedras que tengan que ver con el empoderamiento. Los cristales, por ejemplos, rechazan las energías, refractan".
Para la casa, aseguran ambas, es sano utilizar cuencos de agua con sal o un limón cortado que absorba las malas energías. Pero lo más importante es hacer una limpieza mensual, sugiere Moreyra.
"Una vez por luna, por ejemplo en las lunas menguantes, que son excelentes para eliminar y limpiar, es recomendable hacerte un baño con vinagre, prepararte lavanda con romero y hacerte un bañito, limpiar tu casa con sal, renovar la cinta", enumera.
Julián Stoppello
Nota publicada: http://www.eldiario.com.ar/diario/interes-general/6437-envidia-ese-sentimiento-que-envenena.htm
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